El barco fantasma

by Klavier

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No se ve el sol, pero el horizonte marino arde con tímido fulgor. Calles vacías. Tabernas vacías. Una ciudad aún dormida. Sólo al comité de exploración se ve pulular por el muelle. Pequeños sonidos. Ecos casi inaudibles, casi imperceptibles, como pequeños roedores escabulléndose por las esquinas entre silencios. Silencios como montañas, como el cielo, como las profundidades marinas, como los huecos de las personas, como los silencios de las personas. Las gaviotas se avisan. El comité de exploración sube a bordo. Todo lo desconocido es un monstruo mitológico, un dragón de leyenda, una criatura mitad animal, mitad humana, como un producto de la imaginación, y conforme avanza el navío más crecen los monstruos, y se multiplican, y al ser comparados con las figuras reales surgen grotescas carcajadas desde los ojos perplejos de los marineros, y entonces la costumbre, el temor más escondido e insalvable hasta por el más intrépido arponero, la fuerza casi dulce, casi irrechazable del olvido, comienza a asentarse como una densa pero lentamente creciente bruma, por los pies de los que comienzan a ocuparse con las más irrelevantes tareas, y el sol implacable, sin denostar ni un solo segundo, sigue su paso del alba al atardecer. La oscuridad siempre fue la gran aliada de la imaginación. La imaginación siempre fue una de las mujeres en el harem de la locura. Y mientras menos civilización se vislumbra, mientras más se deja a los hombres abandonados a su propia suerte, más les rodea el agua, y es entonces cuando salen a la superficie multitud de recuerdos menoscabados a intentar consolarse exponiéndose ante cualquiera, contando su historia. Del rugir de las olas, del crujir de las maderas, por los cabellos, por entre los dedos, de un oído a otro, de un ojo a otro, de una boca a otra. Una colección de pequeños sonidos, quejidos y sollozos que sólo al reunirse, al mencionarse alrededor de la mesa, alrededor de las velas, de espaldas a la noche y a la angustia de las olas, cobró sentido, tomó forma frente a los ojos perplejos de aquellos que veían erigirse ante ellos, entre relato y relato, una ciudad de personas sumergidas. El peso de una vida, el peso de una historia, muchas historias hundidas, un mundo de historias que los dioses les encomendaron sostener sobre sus hombros. Algunos pueden volar, otros no son tan ligeros. El miedo echa raíces. Ojos abiertos, muy abiertos, demasiado quizás, irritados, deshidratados, espantados, ¿es menos doloroso el esfuerzo de querer cerrarlos? Quizá nadie los escuche ya, quizás nadie los vuelva a ver, porque todo el esfuerzo de los ojos redunda en el hundimiento. No se sabe quién fue primero, pero sus pies atravesaron las maderas, atravesaron diferentes estancias a diferentes niveles, aun habiendo crecido enormemente, por si eso sirviera de remedio para aguantar las espaldas, lo cierto es que acaban perforando la barriga del navío. Agua. Peso. El peso del agua. El peso de la pesadumbre. Ya no flotará más. Ya no hay más historias, salvo que a las maderas flotantes se haya agarrado una mano, la del primero que enloqueció, el que se escondió tras la maleza de la razón y no quiso ver más. Un albatros. Un náufrago. Algunos pueden volar, otros no somos tan ligeros. El miedo echa raíces. Pero la madera flota

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released November 3, 2013

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Klavier Seville, Spain

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